Uno de los momentos que mas me gustan de mi práctica de artes marciales es tener un tiempo para conversar con mi primer Sensei, Jorge Calderón. Sensei Jorge es una persona muy práctica y muy sabia y podría decir que ayudó a formar mi manera de entender la vida. Nos conocemos ya más de veinte años, pero hay dos aspectos recurrentes en nuestras conversaciones y en nuestros recuerdos:
- Los valores inculcados en las personas que conforman nuestro dojo y cómo esto los diferencia del resto de gente que encontramos en la calle y,
- Cómo practicábamos antes y cómo practicamos ahora, antes practicábamos horas interminables y en una exigencia física arriba del promedio, mientras ahora nos enfocamos en la salud y la buena técnica
Mucho de lo que conversamos tiene que ver con el grupo que formamos y la confianza que hicimos crecer; yo empecé a practicar a los catorce años, mientras aún estaba en la secundaria, luego de un tiempo de práctica estaba buscando qué estudiar, lo bueno es que era de los menores del grupo y mis compañeros mayores me ayudaban en la orientación. De ahí que, después de visitar el laboratorio de uno de mis compañeros, me inclinase por estudiar ingeniería electrónica. Con el tiempo el grupo creció, nosotros crecimos, nos formamos y ahora la mayoría tenemos familia y un rumbo en la vida.
Durante todo este tiempo las artes marciales han sido una constante en mi vida, llegué a terminar ingeniería, empecé a trabajar desde hace ya más de 14 años y cada año que pasó asumí más responsabilidades dentro del ámbito laboral; formé una familia y tengo cuatro hermosos hijos; ahora quiero seguir estudiando, y puedo decir que muy pocas veces dejé de practicar algún arte marcial. Una de las cosas que me preguntan siempre es cómo me doy el tiempo para ser ingeniero, profesor universitario, padre de familia y practicante de artes marciales. La respuesta es se puede reducir a una sola palabra: Balance.
Todas las artes marciales tienen que ver con la postura y el balance, y estos mismos conceptos con el tiempo deben ser llevados a la vida cotidiana. Las artes marciales tienen la singularidad, a diferencia de otras actividades físicas, que ejercitan no solamente el cuerpo sino también el espíritu. La serie de movimientos que se realizan, la coordinación que se logra, la concentración que se requiere para sostenerse, la disciplina que se necesita para poder progresar, los principios y valores que se viven en la práctica en si, hacen del practicante una persona especial.
Este hecho está centrado en dos aspectos básicos que son los que transforman el ser del practicante de artes marciales: la conciencia de lo que el practicante puede lograr hacer con su cuerpo y la transformación cultural que debe realizar para formar parte del grupo.
La conciencia tiene que ver con el progreso físico que el practicante realiza, para evidenciarlo solamente tenemos que recordar cómo fue nuestra primera clase en cualquier dojo, lo torpes que eran los movimientos, lo pensados que tenían que ser para ejecutarse medianamente bien. Con el transcurrir del tiempo y la práctica constante, muchas veces se llega a lograr la inconsciencia de los movimientos, la memoria física, lo que quiere decir que los movimientos se ejecutan con velocidad, precisión y fuerza, pero sin pensarlo. Asimismo, el practicante llega a notar qué cosas puede hacer con su cuerpo: flexionarse más allá de lo normal, golpear con cierta fuerza y en ciertos puntos que puede dejar inconsciente a alguien, lanzar a otro ser humano, inmovilizarlo, reducirlo, dirigirlo y en algunos casos hasta tomar su vida. Es en este punto donde se genera la conciencia del potencial que el practicante lleva encima, lo que puede causar que hace que él desee nunca utilizarlo. Los maestros antiguos siempre dicen que debemos entrenar todos los días para esa pelea que Dios quiera nunca vayamos a tener, en la cual nuestra vida puede estar en juego y debemos entregar todo de nosotros. Esa conciencia da seguridad y responsabilidad y hace que el practicante sea mucho más equilibrado en su actuar, pues todas sus actitudes físicas siempre van a tener una consecuencia. Es por eso que el artista marcial rara vez es violento, maneja mucho el autocontrol, pues si fuera descontrolado sería como darle un arma a un demente.
El segundo aspecto es el aspecto cultural, los maestros no le enseñan a nadie que no se atenga a las reglas del dojo, que no siga y viva los principios del grupo, y tienen un sexto sentido para identificarlos. Si no tienen buen corazón, no progresan. En la película original del "Karate Kid" el sensei Miyagi enviaba a hacer muchas tareas manuales a su discípulo para enseñarle con eso los movimientos del Karate, en la vida real las enseñanzas son más ortodoxas, pero no es raro que en las escuelas tradicionales se tenga que tener esa relación de entrega y servicio hacia el maestro. Yo recuerdo haber realizado con mis compañeros más de una tarea doméstica para nuestro Sensei, y las últimas veces que ha estado en el país nos hemos dedicado casi exclusivamente a ver cuáles eran sus necesidades y tratar de satisfacerlas. ¿por qué hacemos esto? porque al margen que estuviésemos pagando por una clase (que ya en cierto nivel tampoco pagábamos por ella), estos maestros han dedicado su vida a cultivar un arte y a difundir sus enseñanzas y las están compartiendo con nosotros, ¿cómo no vamos a dedicar algo de nosotros hacia ellos en agradecimiento? si pudiéramos cuantificar todo lo que hemos logrado gracias a sus enseñanzas, muy probablemente vamos a quedar en deuda de por vida. Entonces, este aspecto cultural forma el carácter del practicante, la vocación de servicio, la entrega a la buena acción y la búsqueda de la perfección en todo lo que se haga.
Por ende un practicante de artes marciales es una persona que es segura, responsable, tolerante, con vocación de servicio, activo y que busca la perfección en su actuar. Con estas virtudes el practicante es capaz de organizar su vida para poder seguir su camino, sin descuidar las otras responsabilidades que tiene consigo, pues utiliza sus habilidades y competencias para poder lograr sus metas en lo personal y no dejar su pasión de lado.
Si eres practicante de artes marciales y todavía sientes que no has logrado el balance o el equilibrio en tu vida, búscalo en tu próxima práctica, probablemente vas a encontrar que necesitas trabajar el equilibrio al ejecutar las técnicas. Cuando llegues a conseguirlo e interiorizarlo, y logres el equilibrio sin pensar, muy probablemente vas a lograr ese equilibrio de vida que buscas.
Este blog es una ventana para los amantes de las artes marciales, en particular el Aikido Keitenkai y el Muay Thai.
lunes, 14 de marzo de 2011
El Balance en la Vida y las Artes Marciales
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Manuel Belaochaga
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lunes, 24 de enero de 2011
¿qué tipo de practicante de artes marciales eres?
En todos los años que tengo practicando me he cruzado con infinidad de personas, algunas persistieron en este camino y la gran mayoría por muchas circunstancias no continuaron. Siempre que empieza un año y llegan los alumnos nuevos, inconscientemente los tipificamos, las categorías que normalmente encuentro son:
- Deportista: Es la persona que ingresa a practicar un arte marcial porque quiere mantenerse sano, busca su bienestar físico y le gusta sobre todo la rutina de calentamiento, la exigencia física. Este tipo de practicante usualmente llega a avanzar bastante dentro del grupo, pero prefiere mantenerse como practicante, normalmente no va a enseñar porque cuando hace esto pierde la oportunidad de entrenar, que es lo que lo motiva a ir. Si llega el punto en el cual se le presiona para enseñar, usualmente cambia de arte marcial o migra hacia algún tipo de deporte para poder seguir entrenando.
- Aspirante: Es la persona que tiene como meta obtener un cinturón negro, tiende a estar más preocupado por aprender la mayor cantidad de técnicas posibles, sobre todo las que tocan en su examen. Usualmente este practicante se pone muy ansioso y empieza a practicar más fuerte cuando se acerca un examen de grado y tiende a desaparecer luego de su primer cinturón negro. Estos practicantes usualmente van saltando de dojo en dojo, coleccionando cinturones y “especialidades”. No confundir con el investigador profundo, que busca otros dojos para poder ampliar su conocimiento y adaptarlo a su técnica. Los aspirantes usualmente tampoco tienen mucha vocación de enseñanza, pues su motivación es aprender y sienten que enseñando pierden la oportunidad de seguir aprendiendo.
- Social: es el practicante que goza siendo parte de un grupo humano, es como ser parte de un club, puede llegar a ser inconstante, es decir, va por temporadas, avanza de grado cuando tiene oportunidad, pero no es su fin. Es un muy buen elemento para mantener al grupo unido y usualmente llega a desarrollar una buena técnica con el tiempo. Algunos de ellos desarrollan competencias de liderazgo que hacen que el grupo crezca y se organice. Los practicantes sociales son muy buenos apoyos para dar clases y realizar actividades como entrenamientos no rutinarios.
- Artista Marcial: Es el practicante que se apasiona en la práctica, conoce y vive los principios bajo los que se rige su dojo, usualmente su meta no es el cinturón negro, o llegar a subir de dan, sino llegar a practicar para encontrarse a si mismo; el artista marcial se centra en la parte del "arte", buscando la perfección en su técnica, toma responsabilidades dentro del grupo y usualmente termina como instructor de alguna escuela, pues encuentra en la difusión y la formación un camino de desarrollo personal. Muchas veces explora otras artes marciales con el afán de ampliar su conocimiento, pero muchas veces no llega a obtener grado en estas pues su afán no es coleccionar cinturones sino lograr la universalidad en el arte en si.
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Manuel Belaochaga
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Kihon
Una de los aspectos que diferencian las artes marciales “tradicionales” de las “modernas” es el uso de las formas o bases en su aprendizaje, cada ejercicio tiene una intención o una aplicación. Por ejemplo, para los que practican Aikido en nuestro dojo, cuando hacemos el ejercicio de remo en la práctica, el movimiento es la base para la entrada de ikkyo. Cuando hacemos el movimiento de cadera, es una parte de nikkyo, sólo como ejemplo de algunos ejercicios de base que nos ayudan a ejecutar mejor las técnicas.
Las artes marciales modernas han ganado bastante popularidad por su efectividad o aplicabilidad, y en verdad son muy efectivas, las combinaciones son rápidas y explosivas, los lanzamientos, inmovilizaciones y sumisiones dan resultados muy rápidos. La vez pasada veía el reality de The Ultimate Fighter y veía que los finalistas no tenían más de tres años practicando (algunos tenían meses y eran muy buenos peleadores). Entonces, me puse a pensar... la receta sirve. De manera personal, las artes marciales modernas me gustan bastante, me gusta verlas y hasta he practicado algunas y puedo asegurar que son muy efectivas, el entrenamiento es muy riguroso y tienen que ser verdaderos atletas para dominarlas, son muy competitivas y, para muchos muchachos, es una oportunidad de subir a un ring y hacerse famosos.
En cambio, las artes marciales tradicionales tienen otra filosofía o forma de ver la vida que hace que sean especiales, no solamente nos enseñan a luchar, la lucha es un medio por el cual se llega a algo más trascendente. Son un camino de vida que cada uno descubre con el tiempo y la práctica.
Sin embargo, para llegar a ese punto se tiene que partir de algo, de una buena base, la idea de las artes marciales es que los movimientos se vuelvan naturales, es decir, llegar al estado de no pensar en lo que se tiene que hacer. Si empezamos a realzar las técnicas más complicadas sin un acondicionamiento del cuerpo no vamos a lograr desarrollar este tipo de "reflejo".
El Kihon es esto, la base de las técnicas, las cuatro primeras técnicas (ikkyo, nikkyo, sankyo, yonkyo), las caídas y algunas técnicas básicas de lanzamiento como shiho nage, kote gaeshi e irimi. Todo practicante debe de buscar dominar estas técnicas y, como dice nuestro Soke Michio Kanai: no practique una, sino mil veces, pues nunca es suficiente.
Las técnicas básicas están diseñadas para explicar los principios de cualquier otra técnica: posiciones de las manos, desplazamientos, control de ciertas partes del cuerpo, la caída, entre otras cosas. Todo practicante debe dedicarle mucho tiempo a revisar los detalles de la ejecución de estas técnicas.
La mejor forma de practicar el kihon es realizar la técnica lento al principio, poniéndose de acuerdo con el compañero, es decir de manera colaborativa, teniendo especial cuidado en realizar el movimiento de manera correcta. Poco a poco, cuando se vaya ganando destreza, se va aumentando la fuerza y la velocidad, hasta llegar a ejecutar la técnica en un nivel de aplicación práctica.
A menudo veo alumnos que tienden a descartar las técnicas básicas por querer hacer las más avanzadas que demuestran que han subido de grado. No hay nada más errado, porque para aprender las técnicas avanzadas siempre se tienen que revisar las técnicas básicas. Cuando uno empieza a practicar empieza por hacer la primera técnica que aprendió, cuando uno regresa después de un tiempo es por esta técnica donde debe de empezar.
Debemos buscar ser expertos en lo básico para poder ser relativamente buenos en las más avanzadas, escojamos nuestra técnica favorita y busquemos la perfección en ella, es la única manera de desarrollarse técnica y espiritualmente. ¿Cuándo es que una técnica está bien hecha? cuando uno no la puede sentir, cuando fluye sin esfuerzo y muy probablemente ahí nos vamos a dar cuenta que todavía nos falta mucho por practicarla...
Hasta la próxima nota
Las artes marciales modernas han ganado bastante popularidad por su efectividad o aplicabilidad, y en verdad son muy efectivas, las combinaciones son rápidas y explosivas, los lanzamientos, inmovilizaciones y sumisiones dan resultados muy rápidos. La vez pasada veía el reality de The Ultimate Fighter y veía que los finalistas no tenían más de tres años practicando (algunos tenían meses y eran muy buenos peleadores). Entonces, me puse a pensar... la receta sirve. De manera personal, las artes marciales modernas me gustan bastante, me gusta verlas y hasta he practicado algunas y puedo asegurar que son muy efectivas, el entrenamiento es muy riguroso y tienen que ser verdaderos atletas para dominarlas, son muy competitivas y, para muchos muchachos, es una oportunidad de subir a un ring y hacerse famosos.
En cambio, las artes marciales tradicionales tienen otra filosofía o forma de ver la vida que hace que sean especiales, no solamente nos enseñan a luchar, la lucha es un medio por el cual se llega a algo más trascendente. Son un camino de vida que cada uno descubre con el tiempo y la práctica.
Sin embargo, para llegar a ese punto se tiene que partir de algo, de una buena base, la idea de las artes marciales es que los movimientos se vuelvan naturales, es decir, llegar al estado de no pensar en lo que se tiene que hacer. Si empezamos a realzar las técnicas más complicadas sin un acondicionamiento del cuerpo no vamos a lograr desarrollar este tipo de "reflejo".
El Kihon es esto, la base de las técnicas, las cuatro primeras técnicas (ikkyo, nikkyo, sankyo, yonkyo), las caídas y algunas técnicas básicas de lanzamiento como shiho nage, kote gaeshi e irimi. Todo practicante debe de buscar dominar estas técnicas y, como dice nuestro Soke Michio Kanai: no practique una, sino mil veces, pues nunca es suficiente.
Las técnicas básicas están diseñadas para explicar los principios de cualquier otra técnica: posiciones de las manos, desplazamientos, control de ciertas partes del cuerpo, la caída, entre otras cosas. Todo practicante debe dedicarle mucho tiempo a revisar los detalles de la ejecución de estas técnicas.
La mejor forma de practicar el kihon es realizar la técnica lento al principio, poniéndose de acuerdo con el compañero, es decir de manera colaborativa, teniendo especial cuidado en realizar el movimiento de manera correcta. Poco a poco, cuando se vaya ganando destreza, se va aumentando la fuerza y la velocidad, hasta llegar a ejecutar la técnica en un nivel de aplicación práctica.
A menudo veo alumnos que tienden a descartar las técnicas básicas por querer hacer las más avanzadas que demuestran que han subido de grado. No hay nada más errado, porque para aprender las técnicas avanzadas siempre se tienen que revisar las técnicas básicas. Cuando uno empieza a practicar empieza por hacer la primera técnica que aprendió, cuando uno regresa después de un tiempo es por esta técnica donde debe de empezar.
Debemos buscar ser expertos en lo básico para poder ser relativamente buenos en las más avanzadas, escojamos nuestra técnica favorita y busquemos la perfección en ella, es la única manera de desarrollarse técnica y espiritualmente. ¿Cuándo es que una técnica está bien hecha? cuando uno no la puede sentir, cuando fluye sin esfuerzo y muy probablemente ahí nos vamos a dar cuenta que todavía nos falta mucho por practicarla...
Hasta la próxima nota
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viernes, 20 de agosto de 2010
Atemi (II)
Recibi un agadable comentario del post anterior, un sempai lo leyó y me hizo ver su opinión sobre el contenido, no cubrió sus expectativas. Es normal, el objetivo del primer artículo era ayudar a los principiantes con los detalles más básicos de lo que entiendo por una serie de golpes utilizados durante la práctica que se pueden denominar "atemi". Los invito a leer el artículo "The Use of Striking in Aikido" de George S. Ledyard en http://www.aikieast.com/atemi.htm, donde el expositor nos da una buena interpretación de lo que se considera el atemi en aikido.
El atemi puede ser tan amplio que hasta envuelve el uso de puntos de presión que pueden ser fácilmente utilizados para distraer u ocasionar dolor o desequilibrio sin mucho esfuerzo.
Podria citar muchos artículos sobre atemi, pero es más facil para ustedes googlear e investigar, así que no los voy a aburrir con listas de links y quitarles la diversión de la exploración.
Hoy estuve recordando algunos atemis con los pies (geri) que me enseñaron hace algunos años y veía cómo podía aplicarlas sin romper la armonía y la continuidad de la técnica. Les confieso que me es difícil expresar en palabras todo lo que sucede durante la ejecución de la técnica, pues es más fácil hacer que describir, pero lo intentaré.
Al momento de recibir un ataque, de cualquier tipo lo primero que hay que buscar es estar estable, es decir, mantener el centro de gravedad bajo, de ser posible con ambos pies en el suelo y "sentir" en que dirección viene el ataque, en ese momento es cuando se debe de reaccionar y es donde tenemos varias opciones:
1. Se puede reaccionar con un atemi que detenga el ataque (y que en algunos casos puede terminar el ataque), usualmente esto es utilizado si se tiene destreza golpeando, pues es muy probable que el atacante se vaya a defender y contraatacar, y es casi seguro que alguno de los golpes con los que responda me vayan a caer. Entonces, esta estrategia está supeditada a que uno tenga conciencia de que va a poder recibir un golpe y estar dispuesto a soportarlo. Cabe notar que el terminar un enfrentamiento con un solo golpe es extremadamente difícil.
2. Realizar técnicas en omote, es decir, adelantarse al golpe o ataque y responder de forma "lineal" por decirlo de alguna manera, la entrada en si puede ser acompañada de un atemi, usualmente un codo puño al momento de entrar y deben de ser dirigidos hacia puntos que desequilibren: plexo solar, garganta, mentón, nariz, entre otros. Para hacer técnicas en omote se requiere gran velocidad y muchas veces el tener un tamaño similar al del atacante, sino su inercia al entrar puede llevarnos de encuentro (lo que no quiere decir que no se pueda realizar, pero el timing para la entrada es muy importante). Las técnicas en omote se caracterizan por la velocidad y explosividad que requieren al momento de ejecutalas.
3. Por último, realizar las técnicas en ura, es decir, desviando el ataque, es donde existe una mayor probabilidad de no resultar dañado, se desvía el ataque y se controla al uke. Aquí se pueden aplicar los atemis de diversas maneras durante la ejecución de manera que no se rompa la armonía de la técnica y que ayude al desequilibrio y el control. De manera personal prefiero el golpe con el codo a corta distancia, principalmente orientado al mentón o la sien, el golpe con el puño hacia los mismos puntos si se está lejos, un golpe al plexo solar o a la cara interna del codo o el bicep del brazo que está atacando para desestabilizarlo. Usualmente este tipo de golpe se ejecuta junto con el tai-sabaki, de manera que no exista pausa dentro de la técnica. Asimismo, al momento que se cambia de dirección en una técnica es posible aplicar un atemi intermedio que evite que el uke recobre la estabilidad o que aumente el desequilibrio, algunos de estos golpes pueden ser: golpes de pie o rodilla a las rodillas, muslos o cadera, golpes a la parte posterior de la cabeza o golpes al estómago con las manos, pies o rodillas. El punto es que el golpe no es "decorativo" si se va a utilizar energía en lanzarlo es porque debe de tener un propósito, debe ser parte de la técnica.
Para poder golpear debemos entrenar, porque si no el golpe puede terminar dañándonos, parece más fácil de lo que es, pero solamente con la práctica constante se obtiene la destreza.
Espero haber podido expresar en algo mi entendimiento de los atemis y que a algún practicante le pueda ayudar en algo.
Hasta la próxima nota...
El atemi puede ser tan amplio que hasta envuelve el uso de puntos de presión que pueden ser fácilmente utilizados para distraer u ocasionar dolor o desequilibrio sin mucho esfuerzo.
Podria citar muchos artículos sobre atemi, pero es más facil para ustedes googlear e investigar, así que no los voy a aburrir con listas de links y quitarles la diversión de la exploración.
Hoy estuve recordando algunos atemis con los pies (geri) que me enseñaron hace algunos años y veía cómo podía aplicarlas sin romper la armonía y la continuidad de la técnica. Les confieso que me es difícil expresar en palabras todo lo que sucede durante la ejecución de la técnica, pues es más fácil hacer que describir, pero lo intentaré.
Al momento de recibir un ataque, de cualquier tipo lo primero que hay que buscar es estar estable, es decir, mantener el centro de gravedad bajo, de ser posible con ambos pies en el suelo y "sentir" en que dirección viene el ataque, en ese momento es cuando se debe de reaccionar y es donde tenemos varias opciones:
1. Se puede reaccionar con un atemi que detenga el ataque (y que en algunos casos puede terminar el ataque), usualmente esto es utilizado si se tiene destreza golpeando, pues es muy probable que el atacante se vaya a defender y contraatacar, y es casi seguro que alguno de los golpes con los que responda me vayan a caer. Entonces, esta estrategia está supeditada a que uno tenga conciencia de que va a poder recibir un golpe y estar dispuesto a soportarlo. Cabe notar que el terminar un enfrentamiento con un solo golpe es extremadamente difícil.
2. Realizar técnicas en omote, es decir, adelantarse al golpe o ataque y responder de forma "lineal" por decirlo de alguna manera, la entrada en si puede ser acompañada de un atemi, usualmente un codo puño al momento de entrar y deben de ser dirigidos hacia puntos que desequilibren: plexo solar, garganta, mentón, nariz, entre otros. Para hacer técnicas en omote se requiere gran velocidad y muchas veces el tener un tamaño similar al del atacante, sino su inercia al entrar puede llevarnos de encuentro (lo que no quiere decir que no se pueda realizar, pero el timing para la entrada es muy importante). Las técnicas en omote se caracterizan por la velocidad y explosividad que requieren al momento de ejecutalas.
3. Por último, realizar las técnicas en ura, es decir, desviando el ataque, es donde existe una mayor probabilidad de no resultar dañado, se desvía el ataque y se controla al uke. Aquí se pueden aplicar los atemis de diversas maneras durante la ejecución de manera que no se rompa la armonía de la técnica y que ayude al desequilibrio y el control. De manera personal prefiero el golpe con el codo a corta distancia, principalmente orientado al mentón o la sien, el golpe con el puño hacia los mismos puntos si se está lejos, un golpe al plexo solar o a la cara interna del codo o el bicep del brazo que está atacando para desestabilizarlo. Usualmente este tipo de golpe se ejecuta junto con el tai-sabaki, de manera que no exista pausa dentro de la técnica. Asimismo, al momento que se cambia de dirección en una técnica es posible aplicar un atemi intermedio que evite que el uke recobre la estabilidad o que aumente el desequilibrio, algunos de estos golpes pueden ser: golpes de pie o rodilla a las rodillas, muslos o cadera, golpes a la parte posterior de la cabeza o golpes al estómago con las manos, pies o rodillas. El punto es que el golpe no es "decorativo" si se va a utilizar energía en lanzarlo es porque debe de tener un propósito, debe ser parte de la técnica.
Para poder golpear debemos entrenar, porque si no el golpe puede terminar dañándonos, parece más fácil de lo que es, pero solamente con la práctica constante se obtiene la destreza.
Espero haber podido expresar en algo mi entendimiento de los atemis y que a algún practicante le pueda ayudar en algo.
Hasta la próxima nota...
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